Me presento, Graciela Noemí Rodríguez, 53 años, instructora de Yoga Iyengar y profesora de Inglés. Unos 13 años atrás nos trasladamos a Buenos Aires, por un tema laboral de quien era mi marido. Eso significó un cambio radical, partimos para la jungla capitalina con un hijo de 14 y una hija de 6 años a quienes les impactó muy mal abandonar todo aquello que constituía sus vidas. Dejé mi trabajo como docente de inglés, mi casa, el resto de mi familia, el confort que significaba mi lugar en el mundo. En Buenos Aires sufrimos los cambios, una manera de vivir completamente distinta que se tradujo en stress, depresión, insomnio, ansiedad, alergia, dermatitis y una recorrida por distintos consultorios que sólo alcanzaban a paliar algunos síntomas. Me diagnosticaron una escoliosis con discopatía en columna lumbar y el especialista que me veía me sugirió hacer yoga. Comencé asistiendo a clases de Hatha Yoga y en poco tiempo experimenté sensibles mejoras en los síntomas referidos, con bienestar físico, psicológico y un hecho destacable, el haber conocido en ese ámbito, gente maravillosa. Poco más de un año después de estas sensibles mejoras, ruptura matrimonial, separación y regreso con mis hijos a Rada Tilly. Otro cambio traumático. Me diagnostican una patología ginecológica benigna y me operan. El postoperatorio me obliga a dejar yoga y regresan los síntomas conocidos, ansiedad, insomnio. Decidí buscar una solución basándome en mi experiencia reciente y comencé el profesorado de yoga para profundizar en esa filosofía que tan buenos resultados me había brindado. Terminé el instructorado de Hatha Yoga con una carga increíble de energía y feliz por el logro. Aprovechando el envión y escuchando a mis maestros, comencé a practicar Yoga Iyengar para pulir la alineación de las asanas. «Asana» en el léxico habitual del yoga, se denomina a cada una de las distintas posturas corporales que tienen como objetivo actuar sobre el cuerpo y la mente. La práctica del Yoga Iyengar, rápidamente me convenció, este era el método que quería aprender, desarrollar y perfeccionar para lograr ese arte en las asanas y el efecto que esto generaba en mis emociones y en mi personalidad. Lo interpreté como que se alineaban concentración, respiración, emociones y todo esto me fue armando, fortaleciendo, profundizando el análisis de mi personalidad, generando una confianza en mi misma, en mi yoga y en mis ideas, que jamás antes había experimentado. Logré eliminar la ansiedad, ser más paciente, reflexiva, más alegre y dormir en paz. La práctica de Yoga Iyengar con su objetivo de perfeccionar la alineación, las posturas, la respiración y con la mente en toda la metodología, no es sólo un trabajo físico, es una práctica que uno va afinando para lograr la mejor versión de uno mismo. Regreso nuevamente de la Capital, después de jornadas, cursos y reuniones con un amplio bagaje de conocimientos que me permiten dedicarme a mis clases de Yoga Iyengar, con muy poco tiempo para continuar la docencia de inglés que ejercí tantos años.Así surgió Centro Samadhi Rada Tilly, en donde puedo trabajar con grupos reducidos y no dejar de capacitarme para poder brindar algo de todo cuanto aprendí de mis maestros y de esta maravillosa práctica. Creo haber cumplido el objetivo, una transformación física, mental, emocional y espiritual.Namaste. Gracias, gracias, gracias a Iyengar y a todos mis maestros por tan valiosísimos aportes que me enseñaron a vivir y a mis alumnos que siempre aportan para hacer de toda esta práctica algo maravilloso.



Instructora de yoga Iyengar
Rada Tilly – Chubut

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