Voluntariado de la solidaridad y la entrega

Jul 24, 2022 | Una manera de hacer | 0 Comentarios

POR MARCELO MELO “Trabajamos con vocación de servicio sin esperar nada a cambio”. Así nos expresa un grupo de veinte vecinos y vecinas que dedican tiempo -ad honorem- asistiendo en el Hospital Regional. El Buen Vivir fue a su encuentro para que, de primera mano, nos narren su experiencia de acompañamiento y colaboración. “La esencia del amor […]

POR MARCELO MELO

“Trabajamos con vocación de servicio sin esperar nada a cambio”. Así nos expresa un grupo de veinte vecinos y vecinas que dedican tiempo -ad honorem- asistiendo en el Hospital Regional. El Buen Vivir fue a su encuentro para que, de primera mano, nos narren su experiencia de acompañamiento y colaboración.

“La esencia del amor y la compasión es la comprensión, la habilidad de ponernos en la piel de los demás”. Esta reflexión pertenece a Thich Nhat Hann,vietnamita, monje budista zen, escritor, poeta y activista por la paz;  que en 1967 fue nominado -por Martin Luther King- al Premio Nobel de la Paz.

Semejante lucidez es tomada por un grupo de comodorenses, cuyo único norte es colaborar con los pacientes que, por diversos motivos, llegan al Hospital Regional para solucionar sus problemas de salud, siempre sin pedir nada a cambio.

Desde El Buen Vivir fuimos al encuentro de esas almas solidarias que se desviven por dar real magnitud al significado de palabras necesarias en la urgencia: socorrer, auxiliar, acompañar, asistir. Son las/los trabajadoras/es del Voluntariado Hospital Regional Comodoro Rivadavia.

Este grupo se constituyó oficialmente el 4 de abril de 1988, hace 34 años, estableciéndose pública y administrativamente en el mayor Servicio de Salud estatal de la ciudad petrolera. En ese primer momento gracias a la iniciativa del sacerdote Juan Chiabrando, capellán del Hospital y de Anabella Rahed de Grané (Any, ya fallecida y -recordándola- una de las calles laterales del nosocomio lleva su nombre), que fuera también colaboradora de la parroquia Nuestra Señora de Luján.

“En ese entonces, el Director del Regional doctor Ricardo Luis Pettinari, reconocido cirujano generalista (fallecido cuando se iniciaba 2016), avaló la propuesta y fue quien contactó a Any con dos personas más, quienes tenían una vasta experiencia dentro del nosocomio: Malena Roux y Eva García, ex integrantes de la Cruz Roja quienes durante la Guerra de Malvinas colaboraron asistiendo a soldados que estaban internados y solos. Nuestra organización pertenece a CIVHA (Coordinadora Institucional de Voluntariados de Hospitales de Argentina). Actualmente, funciona en el 2do. y 4to. piso del hospital.»  Ante nuestro requerimiento, es Olga Susana Reales quien inicia su relato sobre la conformación de este valioso elenco de servidores.

Lucy Durán se suma al testimonio de estas vitales trabajadoras ad honorem, describiendo la personalidad que ha adquirido este conjunto de personas que entregan su tiempo de forma altruista y generosa siempre con gran vocación de servicio público y con un ánimo inquebrantable de ayudar a los demás en las situaciones más difíciles.

Añade que este voluntariado en particular “está conformado por personas que deciden destinar tiempo de sus vidas en beneficio de otras personas de la comunidad que están internadas, acompañando tanto a pacientes como a sus familiares. Actualmente, somos alrededor de 20 personas que concurrimos al hospital y otras voluntarias que por diferentes motivos no pueden concurrir,  colaboran desde sus hogares”.

Nos explica algunos de los requisitos para ingresar a formar parte de este voluntariado:  ser mayor de 18 años, someterse a un entrenamiento que ocupa alrededor de 60 horas (2 horas semanales) con una instructora que va formando al ingresante al que, luego de cumplida esta etapa, ya se lo considera «voluntario». Otros requisitos fundamentales son: discreción, solidaridad, buen trato, indispensables en esta tarea.

Tareas ineludibles

A la hora de describir el panorama de acciones que realizan, ante el grabador de El Buen Vivir. se suma Adriana Mangani.

Es muy ilustrativa sobre trabajos insoslayables que llevan a cabo: “Hacemos visitas a las salas donde están los internados, en los diferentes pisos para asistir a cada paciente que lo solicite a través de la escucha y en otras ocasiones para proveer elementos de higiene, ropa, calzado, etc. , incluso colaborando con la familia en caso que lo requiera. También realizamos asistencia a pacientes sociales en el caso de que sean carenciados, si necesitaran algo más y están sin familiares. Otras tareas que nos involucran: clasificar las donaciones que nos hacen en el ropero, ubicado en el 4to.Piso del nosocomio, hacer entrega de esos elementos a los diversos servicios que lo soliciten, como Pediatría, Terapia, Ginecología, Cirugía, Clínica Médica, Guardia”.

Agrega que también realizan agasajos en el Día del Niño, de la Familia, Navidad, en otras fechas/celebraciones “en las que nos disfrazamos o vestimos de acuerdo al acontecimiento, por ejemplo: Papa Noel para Navidad, otros personajes para el Día del Niño y les hacemos entrega de obsequios previa ornamentación de las salas para el evento a celebrar. Además, damos charlas en escuelas que nos lo soliciten y brindamos exposiciones con respecto a esas charlas cuando nos consultan sobre nuestra actividad”.

Cuando acosó doña Pandemia

A la hora de recordar el apremiante tiempo de CoronaVirus  que abarrotó de pacientes al mayor centro hospitalario de la región, es Irene Carroza quien toma la palabra: “Con respecto al trabajo del Voluntariado en época de Pandemia, si bien nos estaba restringido el acceso al Hospital, nos pusimos en contacto permanente con los Jefes de cada sector y se les fue proveyendo de todo lo necesario que en épocas normales se les hace llegar. Si bien no se podía asistir a salas, fueron ellos, las y los trabajadores de Enfermería, los que hicieron llegar los elementos de higiene, vestimentas, abrigo, todo lo que fuera necesario. Así transcurrió todo ese tiempo y en el momento en que se fue acercando la posibilidad de ingresar, por lo menos se lo hizo a diversos sectores, para que no faltara nuestro apoyo, el emocional, que es tan importante o más, que el material. Y se fue llegando a la normalidad de los protocolos”.

Donaciones necesarias para el sostén

Patricia Garguglia se incorpora para hacer conocer cuestiones que son vitales para que funcione el ente, que no tiene generación de fondos que costeen el normal y buen funcionamiento: “El voluntariado es una organización sin fines de lucro que se mantiene gracias a los aportes solidarios de la comunidad. Al no poder recibir dinero, como donación, los vecinos nos ayudan con los elementos necesarios para los internados y algunos servicios del hospital. Trabajamos con vocación de servicio, sin esperar nada a cambio, por el simple hecho de brindar amor y colaborar con el prójimo. El que desea participar se puede comunicar a través de nuestra página de Facebook o llegando personalmente al hospital”.

https://www.facebook.com/Voluntariado-Hospital-Regional-Comodoro-Rivadavia-280606538649608/?ref=page_internal

Fundamental soporte emocional

Lo que no dudan en afirmar con respecto al personal del Hospital es que están muy comprometidos con su tarea tanto médicos, enfermeros y personal operativo, quienes ponen todos los recursos disponibles al servicio del ciudadano que lo necesite. A esta noble tarea se acoplan sin pedir nada a cambio. Un factor -más que importante- de su labor es el constituirse en un soporte emocional para el enfermo y su familia, actividad que desarrollan sin interferir en la labor del personal sanitario, sea quien sea.

“Contenemos y acompañamos al paciente internado, por supuesto, a través de la charla y si necesita ayuda material, vemos cómo conseguirle los elementos necesarios. Pero siempre asistimos desde lo emocional para que no se sienta solo” cierran orgullosas.

Calafate y corazón

El logo del Voluntariado fue creado por Liliana Vivanco de Madueño. Dentro de un círculo rosado, color que representa, universalmente al voluntariado, una rama de calafate, planta típica de la Patagonia, se transforma en una mano extendida hacia el necesitado. Ambas se unen dando forma a un corazón.
Según cuenta la tradición, los primeros voluntarios actuaron durante la Guerra de Crimea (1854/1856). Sus guardapolvos eran blancos pero durante la lucha eran tantos los heridos que se manchaban con sangre, los dejaban en agua, se colocaban otros limpios para seguir con la atención de heridos, y así durante varias largas jornadas. Al lavarlos después de estar sumergidos en agua y con sangre fueron quedando rosados, por ello este color es el que identifica mundialmente al voluntariado. Los hombres usan chaquetas color beiges, las mujeres guardapolvos rosas.

DESDE EL BUEN VIVIR IMPULSAMOS LA CAMPAÑA «ARRULLOS», en las cuales recibimos donaciones y se las entregamos a LAS DAMAS DE ROSA, para que lleguen a las personas que las necesiten en el Hospital.

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